martes, 10 de febrero de 2015

CUANDO ERAMOS FUTBOLISTAS PROFESIONALES

                                                                      
 



                                        
                                                                                   
     
    


                                   


Siendo niño, el tiempo parece que nunca va a acabar. Sucediéndose el último lanzamiento a puerta con la siguiente falta no señalada, la zancadilla traicionera, con el pase que me das para marcar.
Antes de comer y tras haber salido de la escuela, dejando todo en casa y corriendo para ocupar la zona de juego, llega el poseedor del mejor balón o pelota, el encargado de sacarla para continuar lo que en el patio del colegio se quedó sin finalizar, la prórroga del partido que los perdedores desean poder igualar, para sentarse a la mesa de casa con el sentimiento del deber cumplido y comer en paz, sin remordimientos por no haber hecho lo que estaba a su alcance. Diez, quince, podemos apurar hasta veinte minutos sin que nadie abandone el terreno de juego y luchar en iguales condiciones para desempatar, para arrollar, para correr; para reír.
-¡¡¡FERNANDO!!!, a comer, no te lo digo otra vez.
Ha sonado el pitido final, apurando la jugada para marcar, limpiándose el sudor para entrar. La estampida es general, cada casa recoge a su zagal.
A la tarde, la historia es igual. Solo cambia el sitio para jugar.
Hoy, la era es el campo ideal. Sobre la paja, empezamos por pelear, y el jersey quitado se prepara para señalar, la zona de gol por donde el balón debe pasar. El calentamiento requiere un esfuerzo especial, después de la lucha entre la caña del cereal, pues la trilladora es el castillo que hay que asaltar.
Nada hay mas serio que el juego de un chaval, si se pusiera la atención que requiere cualquier tema a tratar, de igual manera que se emplea el niño cuando la pelota se ha de patear, las responsabilidades de los actos, asumiríamos sin pestañear.
El fin de semana se acerca, se prepara el partido crucial; en casa de Pepe, está el material. Su padre en la barbería, al cortarnos el pelo, nos infunde moral, la teoría técnica nos dicta sin el peine y la tijera soltar, indicándonos las copas de Europa del Madrid que por su audacia en el juego, consiguieron; en una gran fotografía enmarcada que en la pared se muestra como un altar.
Veneradas copas de Europa que en sangre nos hicieron grabar, aumentando nuestras ilusiones para que jugando con nobleza pudiéramos ganar. 
Santuario del futbol era visitar la peluquería  de don José (Mansueto), cada vez que el pelo nos teníamos que cortar, en la añorada calle de las campanas, donde mis recuerdos empezaron a jugar.
Llega el día de partido, y temprano aparecemos con la inquietud y la alegría de jugar otra final, como es cada competición que tenemos para celebrar. La manteca sobre el cuero, extendida y casi seca ya está, recogemos las camisetas que algunas de varias tallas mas grandes son, las redes que hay que colocar, el yeso para las lineas pintar, todos juntos preparamos la fiesta que entre risas y saltos está presta a comenzar.
La afición, rodea lentamente el rectángulo de juego, y mis hermanos ya están dando vueltas y charlando con los amigos, la hora temprana de comienzo, hace que la vestimenta ya sea la de paseo para después de la misa de 12.
El desarrollo del partido, colma las expectativas por el que fue iniciado, cada pelota jugada se disputa como si anunciara el final, no importa el terreno empedrado, los charcos donde nadar, ni la nieve para resbalar, pues entre profesionales del futbol, nada importa ni debe molestar. 
Mi recuerdo con Jesús, que tan pronto nos dejó por la incompetencia médica (D.E.P.), cuando se ponía el traje del Barcelona y yo el del Madrid que me mandaron mis hermanas; y todos nos repartíamos echando a pies entre ambos colores para formar los equipos, sirva él para generalizar a todos los amigos que allí dejé, en Huéscar, en el barrio de la paz; y que tanto echo en falta y añoro. La foto me la envió al poco de emigrar yo a Leganés, me contaba que se la hizo en las santas de romería.
Cuando jugábamos a todo siendo profesionales.