sábado, 31 de enero de 2015

AMANECE

                                                                               
                                                                         
                                         

 Desde la Sagra. Huéscar. www.huescar.org






                                                                         
                                  





 
Se acerca la mañana. Escondiéndose va la tiniebla.
La mirada de la noche enciende los astros y resurge el color en tu sonrisa. Que dentro de tu ilusión vagan mis anhelos iluminados por la llama del cariño, escrito debe estar en algún lugar de mi conciencia, aún cuando todo se me nubla y el susurro de tu cercanía se me hace eco con la distancia que nos separa.
Qué próxima está la mañana. Quiere ocultarse la luna.
En el horizonte aparecen tus ojos empapados por el rocío y sin sentido brota de flores mi corazón, que alocadas se entremezclan por el gusto de verse entre tus brazos, arropadas ante la fría alborada que poco a poco despierta del pequeño letargo en que lo sumió el atardecer con tus caricias.
Va apareciendo la mañana. En tus manos anidó la luna.
Adormecida por el tacto de la piel y el susurro de la voz que la envuelven sin apenas darse cuenta. Gran cantidad de placer recorre mis sentidos, solo con escuchar el sigilo de tus pasos se agranda la dicha en mi amor, explayándose por el raciocinio que dando saltos se libera de las cadenas arrastradas por la duda.
Pausadamente germina la mañana. Con tus sueños marchará la luna. 
 Envuelta en un manto con matices de alegría, somnolienta, después de protegerla con dulzura en la mirada, y esperando la llegada  de la luz, que lentamente se esparce por la comisura de tus labios, sin apenas inquietar el apacible descanso en el camino, que la llevará con gozo, al retiro entre tonalidades de brillo.
Asoma cautelosa la mañana. Reposa dulcemente la luna. 
 Se augura una espléndida irrupción de tonos entre los destellos  luminosos que irrumpen esplendorosamente a través del desorden, ocasionado por la maravillosa armonía de tus gestos, envolviendo cariñosamente a las pequeñas porciones de cielo, que han bajado a recibir la puesta de largo del universo.
Acaricia la mañana a los almendros. Adormecida está la luna.
Aunque no puede sustraerse a la gran representación que ofrecen tus ojos, entre las finas ramas de cabello, que sin saberlo adornan la silueta de la belleza, cortejando al azahar en el recibimiento que se le tributa al lucero legendario, que celoso de tu amor, ilumina mi vida.