viernes, 27 de marzo de 2015

MACUALA


Parque de Huéscar. Acrílico de Salvador P.V.



Huéscar, plaza de toros. Años 70. - Puerta del sol
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La cartera cogida por las asas se balanceaba lentamente al compás de los pasos. Salva miraba en todas direcciones intentando localizar a algún amigo con quien pudiera recorrer el camino hasta las clases donde los habían situado el año anterior, alojando los cursos de 2º y 3º, en el edificio de la O.J.E., donde lo mas peculiar y novedoso era el espacio dedicado al recreo, que contaba con un campo de balonmano, el cuál también era empleado para jugar el hockey sobre patines, que de vez en cuando practicaban jóvenes desconocidos por allí. De éste deporte poco conocimiento se tenía de él en aquellos lares y menos a esa edad infantil donde saliendo del futbol, no era muy habitual encontrar acomodo en otros juegos de equipo.
La gran casa señorial, habilitada para la ocupación por la asociación juvenil del régimen y como centro escolar, estaba situada junto a la carretera de Granada, donde comenzaba haciendo intersección la via a Castríl. Al lado de ésta calzada estaba situado el campo de fútbol, que tenía las dos porterías ocupadas con sendos grupos de chiquillos disputando la posesión de una pelota, en el suelo los libros y otras carteras; debajo de la arboleda de la carretera, junto a la acequia tras una portería, estaban otros niños sentados intercambiando cromos, ajenos a cualquier bulla que pudiera alterar la concentración que requería tal negocio. La escandalera del juego, alborotaba la escenificación teatral representada en todo lo largo y ancho del terreno dedicado al futbol y empleado como antesala al patio del colegio que tan próximo estaba.                   
Las niñas en grupos, ya se acercaban caminando entre sonrisas y cuchicheos, unas correteando detrás de otras, solas iban algunas hasta su colegio, que tan cerca del otro estaba. También se saltaba a la comba, siendo los últimos saltos, rápidos y continuos; una detrás de otra saliendo corriendo según se abandonaba la cuerda.                           
Salva se había juntado con Mirón, que rondaba la puerta del colegio sin definir su entrada, merodeando las proximidades, yendo de un ciprés a otro, recogiendo las pequeñas piñas redondas que al alcance de la mano tenía de árboles tan estilizados.
-¿No has traído los libros?. Preguntó Salva nada mas verle, tirando piñas contra objetos en el suelo.
- Que va, no pienso subir a la escuela.
- ¿Y te vas a quedar aquí?-
- No, me voy p'al río, ¿te quieres venir?.
- Ostias zagal, no me atrevo, si se entera mi padre...
- No se enteran, el maestro no dice nada.
- Joer que no, vive junto a mi casa y como se le ocurra decírselo, no veas la que se lía.
Cogían los dos, pequeños frutos de los alargados árboles; que tras tomar diferentes marcas o sitios donde apuntar, tiraban con clara intención de acertar más veces que el otro, acabando escondiéndose y tomándose ambos como objetivo entre risas y correrías, que tras unos tímidos lanzamientos y viendo que el momento de entrada a clase se acercaba, dieron por finalizado el enfrentamiento.
Mirón le comentó a su amigo la conveniencia de irse  y pasar la tarde recorriendo caminos y jugando. 
Las proximidades del centro escolar ya estaban poblándose de zagales según avanzaba el tiempo, y sin casi margen de respuesta, Mirón conminó a su amigo a seguirlo mientras se alejaba lentamente haciéndole ver su marcha.
En un rápido movimiento de respuesta al envite de su amigo, el Salva salió corriendo detrás de él, haciendo de ésta reacción una carrera hacia un lateral de la carretera con dirección al parque, donde buscarían cobijo bajo la arboleda.
Fugaz fue la entrada al ajardinado espacio entre las risas nerviosas y la gran excitación causada por tamaña osadía cubierta de arrojo y determinación, fuera de la habitual conducta de los dos. 
Dentro del parque entretuvieron el tiempo haciendo correrías entre el laberíntico jardín y escondiéndose con sutileza para evitar las miradas de los paseantes y alumnos del instituto cercano, que también pululaban por allí en el edificio próximo al cuartel de la guardia civil.
Jugaban y se entretenían sentados en los polletes de la pérgola que cruzaba en anchura la longitud del vergel, separando un parterre floreado y con distintos tipos de árboles representativos de la zona; de otro sector mas ajardinado con setos altos cercando a diferentes especies formando una majestuosa arboleda donde la altura y gran follaje, envolvian una plaza central con kiosco, palomar y zona de juegos. Próxima a los columpios, se podia ver  entre las serpenteantes sendas que escondían los setos, la efigie labrada en piedra de una cabra postrada, compañera inseparable y representativa de la historia del parque.
El tiempo parecía no pasar hasta que determinaron abandonar la idílica estancia, que entre correrías y sigilosas escondidas para evitar el oteo de algún cazador susceptible de llamar la atención a dos niños fuera de su hábitat en horario colegial, llegaron a la escalinata que daba acceso al arco amurallado de la Torre del Homenaje, y tras cruzarle llegaron a la puerta de la plaza de toros, que por algún motivo desconocido se encontraba abierta, posibilitando el paso hacia el interior que sin miramientos ni vergüenza realizaron con rapidez y sigilo. 
La nula visión de persona alguna que les hiciese retroceder en sus pasos, les envalentonó hasta bajar al coso de la plaza que tras un salto desde la grada, de la que su pared vertical hacía de barrera del ruedo, en la que habían otras protectoras de situación para los diestros con salida de escape. 
La ilusión era desbordante, el juego se hizo imaginario y fantasioso, acrecentado con el hallazgo de una cornamenta de toro que redondeó la escapada y le dió sentido a los pases de muleta que comenzaron con la fascinación y encantamiento de una experiencia ilusoria, desarrollada con todas las artes que intervinieron en la corrida de toros de aquella tarde inolvidable que incluso tuvo una salida a hombros; aunque simulada y figurada, pues la cruda realidad les hizo salir corriendo velozmente por uno de los vomitorios de la barrera mas cercana, al verse descubiertos por los responsables de la custodia de la plaza que a voz en grito le recriminaron su estancia en dicho lugar.
Llegaron rápidamente a la puerta de salida, como el espontáneo que huye de sus captores cuando intenta hacer una faena, faena que ellos sí hicieron y finalizaron con las dos orejas y el rabo de un toro fantástico, fabuloso en su comportamiento ante los envites de la muleta.
La huida imprevista de la plaza y el tiempo transcurrido, les hizo coincidir con el normal tránsito de la salida del colegio, que veìa a los niños marchar hacia sus casas o entre juegos disfrutando de la libertad colegial; coincidiendo con la apertura de establecimientos junto a la rutina diaria de la población que hacía camuflar la aparición con el resto, naturalizando su presencia en el entorno creado. 
Pletóricos de felicidad, se despidieron en el mismo lugar donde se encontraron, entre alegres sonrisas y exultantes de regocijo junto a los cipreses. Salva corría agitando la cartera al ritmo de las veloces pisadas, en la que se escuchaba el violento desplazamiento del plumier, de los libros y el bloc de escritura, donde seguro haría una reseña de tan estupenda tarde de macuala.






                                                                                      
                

APUNTANDO MANERAS

                                 



 Jarandilla de la Vera, zona de puente Parral. Facebook





                                          



Una letra altiva, mayúscula, vocal cerrada posterior, amurallada y con la capacidad necesaria como para albergar cualquier ilusión; vocea al viento su grandeza, comenzando el desarrollo de éste párrafo. Dudo si acierto con el empleo del adjetivo que bautiza al nombre, que situándose de acompañante del artículo, levanta la mano para pedir atención y participar del protagonismo del que goza esa letra de tan modesto escrito que aquí se inicia para servir adecuadamente y recomendando la conveniencia de ésta lectura.                                                
Observo y me causa preocupación, a la vez que me enciende las alarmas lumínicas y sonoras del hemisferio cerebral donde se aloja la enciclopedia del aprendizaje, que aquéllas me alertan de la obligación para replantearme el posible exceso, o en su defecto, la falta de signos de puntuación, que en un primer momento, no se ha establecido numeración. 
Las pausas me inquietan, me paran, me detienen entre dos o mas signos y controlan la expresión; un punto caído, derramado de su interior, le cuelga un brazo al pie de la voz, se expande partiendo sin piedad la locución, ésta de atrás y delante, "coma" se hace llamar; en determinados momentos  se le sube sobre la chepa un puntito creando la confusión en la elección de tan importante separación, otra vez; coma, punto y coma.
¡Qué cansino por dos!. Y hasta tres seguidas sin compasión, he de poner para no verme caer, sí; en la tontería del relato y que me salga barato, si con estas palabras consigo por lo menos  que algo puedan leer.
Hay veces que loco me vuelvo sin deseo ni querencia, pues no es de mi apetencia escribir con tanto comeo. Bendito punto y seguido que tranquilo espera entre alientos de ánimo a seguir la supuesta lectura, imaginaria; que con paciencia encamina la sucesión puntual de un cuento soñado por el lector. Trastabillado salgo del cenagal comatero, dando bandazos sin control. Hasta que me aparte.
Y si del punto me alejo, será levantando una letra.
Adiós y hasta otra.

miércoles, 25 de marzo de 2015

TINIEBLAS

                                   
                                                      hdfondos.eu
                                      
    
                                                        


                                     
                                   

Avanzaban por el ocaso de una rutinaria celebración de sentimientos. Se percibía en el aire un sinsabor de sensaciones, caminando con la duda de haber podido distraerse un poco más, de sustraer la atención de las divagaciones y resolver de una manera más enérgica la situación a la que los había conducido la falta de comunicación, la terquedad en los planteamientos, la mirada sin respuesta, el sentido desconfiado, la sonrisa que no brilla.
   Su paso por el camino, aunque firme y tenso, denotaba un desánimo que hacía vislumbrar un estado susceptible a la alteración de las verdaderas emociones que sentían recíprocamente. Las expresiones mostraban un cierto reproche, desinterés, desgana y también indiferencia. Obligados por la cercanía, la unión a la que estaban sometidos, alojaba sin ningún tipo de duda una distancia difícil, o por lo menos reticente para intentar suprimirla.
   El enojo era manifiesto. La intranquilidad se mantenía, aún cuando el transcurso de los acontecimientos la disipaba tenuemente. Según disminuía la tensión en que estaban sumidos, se hacía mas patente la moderación de los gestos.
   La reflexión se hizo hueco entre las olas de la turbulencia y otros parámetros de los que hasta ese momento no se pusieron sobre el tapete, entraron en escena con sutileza y elegancia, que hábilmente iban borrando la nube de tristeza que ambos aumentaron.
   Noche clara, iluminada por la luna grande y redonda, acompañada por la belleza de incontables estrellas de una fresca y vecina madrugada donde la contemplación invitaba a una pausa, que no era aprovechada por los contendientes de criterio respecto a una situación banal, intrascendente y sin embargo transformada en notable discrepancia por diferentes puntos de vista ante una reacción en una circunstancia determinada. El sol escondido tras la montaña esperaba impaciente el asalto diurno de los colores.
   Se rozaban sin querer, o queriendo; pero no se encontraban satisfechos con los acontecimientos que sucedían, en ningún momento reflejaban alegría debido a la confusión que albergaba el interior de ambos, exteriorizado con un leve resquemor hacia el otro.
   La exigua luz de la senda por la que entregaban sus pensamientos al desconcierto que los tenía inmersos en una hipótesis desconcertante, daba un aspecto lúgubre al sombrío reflejo de los juicios que estaban circulando por  las vías de la comunicación.
   Unas farolas isabelinas acogieron con agrado el acompañamiento al que se veían obligadas por la irrupción pacífica y testimonial que ejercía la pareja en la intersección entre el camino que dejaban atrás con la avenida y calle principal, que servía de unión a los cercanos núcleos urbanos de la comarca.
   En el cielo estrellado dominaban a sus anchas los diminutos luceros, numerosos y resplandecientes en el manto oscuro de la noche, donde la luna presidía su efímera estancia en el trono de los astros, de quienes se sienten vasallos, servidores perpetuos de la gran dominación estelar a la que están sometidos, embrujados por su belleza. Una inmensa constelación dispuesta en perfecta armonía para el buen funcionamiento del caos, aun sin saber el orden que los relaciona a todos en ésta extraña vida, y menos todavía sin llegar a la comprensión del por qué, seguían adorándola y maravillándose con su visión e incitándoles a la reflexión, llegando continuamente a la nada.
   Rodeados por las sombras, que hábilmente se desplazaban sin inquietar la placidez del silencio, se apercibían al instante de los deseos reales que se interpretaban en los corazones heridos, victimas ingenuas del desenfreno provocador de los sentidos, insensibles, crueles, libres de responsabilidad en el momento de efectuar un acto, otorgando el sufrimiento de las consecuencias a la conciencia.
   En la penumbra se captaba cualquier variación en el razonamiento, descubriéndose la intensa necesidad de la presencia de la caricia. Plasmando con el tacto un deseo, moldeando con la mirada comprensión y resarciendo al corazón de los agravios con una sugestiva idea encaminada a borrar las suspicacias. Meditando seductoramente un acto  encaminado a suprimir de un pensamiento tenaz y definitorio, para conseguir una insinuación a la reconciliación.
   El deseo de una, era la ambición del otro.
   La satisfacción de uno, era la pretensión de la otra.
   Un abrazo querido, que redujera la lejanía manifiesta de los sentidos, que habían estado subordinados al imperio de la confusión y a la falsedad de la desconfianza. Se interponía el recelo, deambulando inquieto ante la posible expectativa de un gesto escondido y conciliador de cualquiera de ellos, afectado por la incertidumbre de la situación, de la que cada vez más avanzaba a pasos agigantados.
   Preciosa arboleda majestuosa que resaltaban unos troncos hercúleos, para soportar la gran cantidad de ramificaciones que sustentaban a unas hojas siempre dispuestas para cualquier aviso del viento interpretando la partitura dispuesta en cada movimiento, y dando cobijo a una multitud de pequeños pájaros dormidos que únicamente despertarían con el allegro del sol . La brisa acompasaba una melodía sutil, nada perturbadora de la quietud en la que se encontraba el follaje. Brotaba un resquicio de alentadora moderación, surcando los recovecos y laberintos que formaba la hojarasca entre el espacio que dejaban las raíces en su crecimiento, e intentando alcanzar el paraje donde se mezclan los colores, la savia, la intención, la fantasía y la quimera, para engendrar los sueños.
   Sueños despedazados por las garras de la incomprensión, descompuestos por la intolerancia, desordenados por el equívoco de la actitud y escondidos por la mano de la apatía.
   Se oía el suspiro de las flores. El acompasado aliento de los pétalos embargaba las emociones caprichosas y contradictorias que deambulaban sin consentimiento de la lógica establecida por la pasión. Aroma embriagador de los lamentos, que las rosas se encargaban de arrastrar hasta donde ardían las suspicacias, malentendidos y demás congéneres de la desidia.
   En la bóveda de los afectos quebrantados reposaban también unas lágrimas que surcaron la delicada piel de la dama, abrumada por tanta incoherencia y desfachatez.
   El agua se desparramaba con arrogancia al verse recompensada con la gratitud de la tierra y todos sus descendientes; brincando desde la indiferencia de la cañería, achacosa y coloreada por la herrumbre en su vejez. Esperando a los primeros destellos de luz estaba el rocío, desplazándose lentamente, tan sinuoso en su movimiento que el aire no advirtió su presencia.
   Aún con los ánimos relajados, el discernimiento se mostraba esquivo, haciéndose de rogar para conceder la absolución. Todavía deseaba recrearse en la maraña de las conjeturas, dándole ocasión a la cobardía, a regodearse en el fango de la torpeza, cabalgando a galope, contrarrestando la fuerza del raciocinio.
   Una tímida sonrisa era disimulada en el rostro masculino, escondiendo una intención de conformidad con la postura hasta el momento mostrada por la fémina. Había una predisposición hacia el reconocimiento de la pasividad mostrada, autora de la tormentosa inquina que dio lugar el estruendo farragoso de las voluntades, esclavizadas por la locura transitoria, que manifestaba su inutilidad al hacerse cargo de tan inapropiada responsabilidad.
   Al atravesar el ajardinado paseo, una fuente de dos caños ofrecía el agua que manaba turbando el místico sosiego del cambio de poderes que iba a crear la entrada de la alborada, apoyándose lentamente sobre las torres y murallas que coronaban la explanada.
   Se detectaba una insinuación a la parada en la vera de la fuente, estableciéndose un cruce de miradas, habilitando la primera conexión de entendimiento, que de por sí misma, no era suficiente todavía para la manifestación de la palabra, afligida por la congoja del ingenio, humillado y vilipendiado por tan insensata demostración de recursos. Sin embargo, el letargo en que se vio postrada la voluntad se hallaba inquieto, impidiendo a ésta un reposo absoluto.
   Acercándose a los caños de la fuente, y tras beber agua, refrescando los labios y la garganta para estimularlos hasta el momento en que actuara la voz, la chica se dirigió hacia el conjunto de bancos, todos ellos solitarios y deseosos de ser el elegido, proporcionando asiento, reposo, serenidad y cobijo por efecto de las grandes ramas que en forma de techo sobresalían de los troncos que circundaban el castillo. Tras ella siguieron los pasos del hombre, que sopesando teorías, aún no se atrevía a poner en práctica alguna de ellas, dejándolo todo al devenir de postreros acontecimientos.
   El entorno idílico del paraje resurgió de entre el crepúsculo, que poco a poco irradiaba lucidez en los propósitos de ambos. Meditando cómo afrontar el arreglo del menosprecio causado, tratando de dejar claro que fue sin la mínima intención de que pasara lo que sucedió, el chico se aproximó hasta tocar con el cuerpo al de la joven. Ésta sintió el contacto como un inicio esperanzador, mas su enfado siguió siendo evidente, por lo que evidenció todavía alguna reticencia a la apertura de un acercamiento sentimental, dejando la iniciativa a su pareja, que fue quien alentó la discordia.
   La claridad iba borrando la noche al igual que el escepticismo afrontaba el paso hacia la expectativa de una favorable comunicación, auspiciada por la inmediatez de la proximidad. La frialdad del alba penetró en los cuerpos impulsándolos a juntarse y aguardando la acción del primer pronunciamiento que él estaba a punto de realizar.
   Apoyando el brazo sobre el hombro de ella, la atrajo hacia sí notando la relajación de los músculos que se entregaron solícitos a su voluntad. Sara entendió la circunstancia, inclinando la cabeza sobre el pecho de Luis, escuchando los latidos del corazón, que estimuló la conciencia pidiéndole perdón y ofreciéndole todo su cariño.
   Ya se asomó el día rozando las crestas de las grandes arboledas, que al contacto de la luz se encumbraron de alegría. Los ojos volvieron a mirarse complacientemente, colmados de colores. Se cruzaron las sonrisas entusiasmadas por volver a jugar. Los gestos se hicieron tiernos desterrando la tensión y las manos mimaron los cabellos pretendiendo no turbarlos. Sin encontrar motivos para pronunciar una sola palabra, el silencio aconsejó sellar los labios con un beso sincero y prolongado para olvidar la desavenencia, guardada en el cajón de las divergencias.


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martes, 24 de marzo de 2015

LO QUE LA VIDA TRAE

                                   

                                     
Mª Angeles y mi padre Pedro.



 
                                   



El grosor de las lineas determinan el boceto sobre una textura rugosa, plasmando sobre el recuerdo instantes que evocan la estancia de alguien que nunca lo abandonará por ser parte de tu vida y aún estando ahí presente, son las rayas de trazo fino las que dibujan los momentos que hacen aparecer en la memoria una determinada invocación de esa realidad pasada, aquella que se fue y cada vez que se expone te rompe el corazón.
Mi camino se ha desviado por una rutina diferente a la que tenía, haciéndome pasar cada día por el Paseo de Extremadura en Madrid, donde tiempo ha, los cuarteles de personal militar escoltaban esa vía durante largo trecho; y ahora, sus tapias cubren un terreno desolado y testigo de tantas vivencias que todo aquél protagonista de ellas, lamentaría la caída de los muros donde habitaron sus experiencias. Al final del último paredón de estas ruinas, miro necesariamente los edificios que sustituyeron a otros, donde el cine España se me aparece como si aún sirviera de caja ilusoria y lugar de referencia para distraer el tiempo libre que mi padre Pedro, se encargaba de proyectar en todas las mentes que por allí pasaban. Y según avanzo en el trayecto, me veo salir del subterráneo del metro Campamento marchando cogido de su mano hacia el cine; pasando las cintas de un carrete a otro, girando a toda velocidad la manivela; mostrándome el funcionamiento del proyector. Sentado en el gallinero viendo la sesión continua que tocaba y sintiendo su mirada desde lo alto, por la ventanilla cercana al haz de colores que por otra abertura salía, dirigida hacia la pantalla donde se reflejaban los sueños.
Avanzando en mi itinerario, desvío la mirada hacia el lugar donde se encuentra la entrada al suburbano, que pasea mi recuerdo hasta el autobús que me lleva al piso de Leganés en el que habitábamos, donde después de haber comido; mi hermana Mª Ángeles y yo, simulábamos una carrera que siempre ganaba ella, para llegar primero a la escalera, donde unos escalones mas abajo nos esperaba él para abrazarnos, besarnos y despedirnos.

lunes, 23 de marzo de 2015

A LEVANTARSE TOCAN

                                        

                                         www.amreading.com 

                                        




                                        


Ya tengo tinta en el ordenador y puedo escribir de nuevo. No pensaba que fuera tan difícil conseguir recargas de tinta para el pc. Además de costarme un güevo y parte del otro, la tardanza del servicio de reponedores, parece ser que no funciona como en el super, tan dispuestos siempre a complacer cualquier requerimiento del cliente.
Si tuviera jefe, seguro que me habría dado boleto a la primera palabra que hubiese dejado de encontrar, pero como la propiedad tanto intelectual como física es mía, no pasa ná.
Pues con la tontería, éste párrafo que da por iniciado su camino mas o menos corto, ha sido borrado cuatro veces, dada su incapacidad para desarrollar la bola que explique la sucesión de acontecimientos surgidos en el cabezón de una mente perturbada por una fantasía irreal e inalcanzable. Casi corto la andadura del parágrafo con un punto y yéndome al lateral izquierdo para tirar el córner, pero he pensado que debería darle mas longitud, aunque sin sentido consentido.
Ahora sí; me voy a explicar sin mas dilación. 
Las ideas surgen en un tris, sin pensarlas acaso, sin proponertelas, paseando por la pelota y ahí se quedan, hasta verlas ponerse en pie, manteniendo la vertical caminando, o abandonadas por su nulo efecto en la psique. Es el ingenio en su desarrollo lo que hace posible la originalidad puesta para ser catalogada de viable, pues al ser todos tan dinámicos a la hora de buscarnos la vida con cualquier movida que le pueda interesar a alguien, la idea nos controla y califica para determinar nuestra posición en la carrera de la creación.
Porque en la creación vale todo; sea bueno, malo o regular. Solo importa hacerlo. Hasta que la idea no aparece por ningún lado, buscándola con desesperación y ahínco me empeño en la labor sin resultado alguno, dejándome con la actitud natural y responsable de esperarla sentado. Así hago mientras nada surge durante un tiempo prudente, y ante la nula existencia de signos esclarecedores de tan negro futuro, decido pararme. Quizá me he parado mucho tiempo. No importa, si la luz refleja de nuevo letras negras. Lo que sea, será.
El caso es escribir, ya sea una opinión, un enrolle sobre la claridad del color negro, un relatito aunque sea malo tendrá cabida en mi corazón.
El estado de ánimo, las circunstancias que nos rayan otra marca en el rostro, influyen de manera inequívoca a la hora de extender la pintura sobre el lienzo y parece que los colores menos luminosos dominan la paleta.
Ojalá durmiera en una cama de libros para arroparme con sus hojas escritas y llenarme de historias para contarlas.         

lunes, 16 de marzo de 2015

NADA QUE DECIR, NADA QUE HACER

                              
laoportunidaddemivida.blogspot.com.es



                             


 No se puede, no puedo; bueno, también es mucho decir que no puedo, porque poder, se puede mientras se vaya pudiendo. Quizá me he extralimitado en la elección para emplear adecuadamente el verbo que determine mi situación contractual de cara, o con vistas al panel al cuál me tengo que enfrentar. Estoy casi vacío, en eso si que no hay color, ni filtro que disimule lo que los ojos no pueden ver. Verdad es, que nunca he estado lleno, si acaso medio vacío, y la interpretación que he hecho de mis valores escrituriles los he llevado a lo largo de la ladera, subiendo escalones falsos que me acercaban a una hipotética cima que cuando creía que divisaba algo que me infundiera esperanza, resultaba ser una loma que ocultaba la visión real del vértice donde se hace la divisoria de aguas y según sople el aire, se cae para un lado u otro, donde espera el camino de vuelta o el que sigue por donde se perciben todas esas ideas que surgen y las mentes ágiles y dinámicas plasman la inquietud sobre un papel, lienzo o cualquier medio de expresión donde se muestra la visión personal sobre las diferentes facetas que nos afectan en la vida.                                                                                 Tal vez; no, seguro que no basta con que te guste hacer determinadas cosas y solo pongas el empeño en realizarlas para que sientas satisfacción una vez concluido tu esfuerzo. Hace falta algo mas, y determinar si se tiene o no, le corresponde valorarlo a quien va dirigido, una vez vista la exposición que se muestra al lector o espectador, el visualizador del trabajo de otros en general. Si, el realizador del trabajo también sabe si tiene o le falta ese algo, porque para mentir a alguien, ya están los demás y mentirse a uno mismo no tiene beneficios.                                                                                                                                                                                         Decía uno muy leído y escritor por mas  y mejor calificativo, el Sr. J. Marías,  que "el problema de casi toda la gente, sus limitaciones, provienen de la falta de persistencia, de su pereza o fácil contentamiento, también de su miedo". Como pasa con todo en ésta vida la generalización causa controversia, pero  ésta afirmación parece ser que ha sido una proclama que reúne características comunes en determinados tipos de personalidades que lo conseguido les parece suficiente como para no exigirse más. Yes, la pereza lastra el avance hacia donde tenga que llegar, si es que hay un lugar reservado donde yo deba plantar un pino ( es un decir, el árbol ya lo planté). También lo cantaban los Deep Purple, "Lazy"; y de tanto escucharla, se me ha pegado aunque no entendiera la letra. Lo del miedo, creo que viene si se espera algo con gran insistencia y no se valora adecuadamente por uno mismo lo hecho; pecho.                                                                                                  Aunque puedan ser varios los motivos que no dejan fluir la imaginación para la elaboración de lo que uno desee; la pasión, el entusiasmo, las ganas aplicadas a la producción del proyecto, son la base fundamental si se quiere llevar a buen término las ideas que puedan surgir; creo que todo ello también puede arrastrar a la obsesión, pero claro, el obsesionarse con un tema es lo que lleva al cumplimiento y finalización de lo propuesto.


viernes, 13 de marzo de 2015

LLORA EL LIMONERO

                 
                                         

                                                           
www.xavierfebres.com


                                      





Había llovido con gran afluencia durante el invierno anterior y en la primavera de aquél año, rompiendo los ya monótonos y repetitivos episodios temporales causantes de una sequía continua que influyó en el ánimo popular negativamente, al afectar a todos los sectores económicos, desvirtuando la convivencia y debilitando la resistencia emocional ante tales circunstancias . Aunque era un deseo común la llegada de tan abundante agua, llenando cauces fluviales, pantanos y obsequiando a la tierra con tan preciado maná; pesaba ya en el ánimo una gran desazón ante la tardanza por la llegada de la calidez solar. 
La estación estival llegó dando tumbos esquivos y enseñando tímidos rayos cargados de calor, y sin dar tiempo a asimilar el cambio estacional, las temperaturas alzaron la voz imponiendo su austeridad sobre las sombras. 
En el pequeño patio de la casa, bajo el limonero, Juan había extendido la pequeña piscina hinchable donde Laura ya andaba chapoteando y hundiendo los muñecos que saltaban impulsados por la presión del agua cuando dejaba uno para ocuparse de otro. 
Esa tarde el sol incidía sobre la atmósfera de una forma más pesada y cansina que los días anterioreshincando sus brazos como cuchillos desparramando el caluroso ambiente como borbotones sangrientos manchando cualquier resquicio a distancia, posibilitando la serenidad del baño y el cobijo bajo la sombra era más una obligación que una elección. 
Hacía poco tiempo que habían encontrado un hogar para vivir dignamente. Les había sido cedido por el ayuntamiento, como vivienda social, por las condiciones tan desfavorables por las que pasaba la familia.
Junto a Juan, convivían Teresa, su joven esposa que por edad quizá le correspondiera más ser hija que madre de dos chiquillas, Laura de tres años y Verónica de dieciséis meses. 
Las sonrisas y gritos de alegría de las niñas hacían que los padres se sintiesen cómodos y despreocupados  de tantos problemas comunes al devenir cotidiano que los acechaba a cada momento; y sentados alrededor de la piscina, atendían los juegos de las pequeñas participando en ellos. 
Así transcurría la tarde, sosegada y tranquila cuando Teresa anunció el término del baño encaminándose hacia la escalera para recoger en el piso superior las toallas para secar a la pareja de chiquillas que eran su vida. En el mismo instante, Juan se ausentó para adentrarse en el salón de la casa. 
Al regreso de ambos, que fue casi simultáneo, Verónica yacía inmóvil boca abajo en la piscina y Laura fuera de ella, enredando con los juguetes.